Una mujer se desliza en el hueco que hay entre dos edificios. Cuando la gente vio lo que sacó de ahí, las cámaras empezaron a grabar

Durante muchos años, los residentes de Khabarovsk, Rusia, lo llamaron el “Prisionero de Azkaban” o el “Reo del Castillo”. Pero, en realidad, la historia detrás de estos ingeniosos apodos es muy triste, porque se refieren a un perro que padeció un sufrimiento muy extremo durante mucho tiempo. Por alguna extraña razón, la gente de Khabarovsk se acostumbró al hecho de que había un perro atrapado en un pequeño espacio entre dos edificios de la ciudad, y nadie trató de rescatarlo. Esta curiosa historia empezó hace tres años…

Obviamente, alguien trató de deshacerse del perro cuando apenas era un cachorrito y lo arrojó en este pequeño hueco entre un edificio de apartamentos y una tienda. El perrito estaba tan asustado que no se atrevía a asomarse. Los habitantes de la zona lo oían quejarse y gemir, pero a nadie se le ocurrió que el pobre animal necesitara ayuda. En cambio, le lanzaban comida de vez en cuando por el agujero. Él bebía agua de lluvia y se las arregló para sobrevivir en la oscuridad de esa cueva de concreto. Al principio fue el miedo lo que le impidió salir, pero muy pronto el perro creció demasiado y se quedó atrapado. Vivió en la oscuridad total por tres años.

Después de casi tres años de encarcelamiento, activistas de los derechos de los animales se dieron cuenta de la situación del perro y trataron de liberarlo. Pero para lograrlo, tenían que romper un buen trozo del muro y agrandar el agujero, lo que requería la autorización del gobierno local. Los activistas tenían las manos atadas, mientras se enfrentaban a una ridícula cantidad de trámites burocráticos. Finalmente, estaban tan enfadados e indignados que decidieron actuar sin un permiso oficial. Su justificación era simple: la gente del barrio estaba cansada de oír las quejas y los ladridos del perro, y habían amenazado con matarlo. ¡Al animalito se le estaba agotando el tiempo de vida!

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Así, con el tiempo en su contra, los voluntarios tomaron sus herramientas y se pusieron manos a la obra. Para causar el mínimo daño posible, solo agrandaron el hueco lo suficiente para que una mujer muy pequeña y delgada pudiera entrar a gatas.

Esta mujer logró deslizarse en la oscuridad, encontrar al perro y atarle una correa. Los voluntarios tiraron de la correa con mucho cuidado, hasta que el perro salió del agujero. ¡Esa fue la primera vez que estuvo expuesto a la luz del día! Por supuesto, estaba muy asustado y conmovido. A pesar de estar un poco traumatizado, en general gozaba de buena salud. Los activistas fueron muy cariñosos con el perro e hicieron su mejor esfuerzo para tranquilizarlo. Le hablaron suavemente y lo llamaron “Volya”, que significa “libertad” en ruso.

Esta mujer logró deslizarse en la oscuridad, encontrar al perro y atarle una correa. Los voluntarios tiraron de la correa con mucho cuidado, hasta que el perro salió del agujero. ¡Esa fue la primera vez que estuvo expuesto a la luz del día! Por supuesto, estaba muy asustado y conmovido. A pesar de estar un poco traumatizado, en general gozaba de buena salud. Los activistas fueron muy cariñosos con el perro e hicieron su mejor esfuerzo para tranquilizarlo. Le hablaron suavemente y lo llamaron “Volya”, que significa “libertad” en ruso.

La portavoz del grupo de protectores de animales, Daria Stepantsova, ha rescatado muchos animales, pero la situación de este perro realmente puso a prueba sus límites. Ahora recuerda: “Estaba increíblemente angosto. Había muy poco oxígeno, concreto por todos lados. En algunos tramos tuve dificultades para impulsarme hacia adelante con mis manos desnudas. Hubo momentos en que me sentí totalmente claustrofóbica y pensé que me había quedado atrapada. Era tan angosto que ni siquiera podía voltear la cabeza. Todo mi cuerpo estaba lleno de arañazos, y mi ropa hecha pedazos, pero al final ¡valió la pena!”.

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