Este matrimonio se divorcia cuando ella se pone gorda y él la engaña con otra. Pero cuando el chico llama a su puerta 1 año más tarde, ella no duda en hacer lo siguiente

Lisseth Expósito es una chica originaria de Venezuela que vive en Kent, Inglaterra. Con 15 años empezó a salir con José, un chico de 19 años también de origen venezolano. Todo iba viento en popa para estos dos adolescentes, por lo que no dudaron en contraer matrimonio 3 años más tarde. Con solo 19 años, Lisseth estaba embarazada de su primer hijo. Pero el feto no era lo único que hacía que le creciera el estómago.

La pareja tenía el mal hábito de comer comida basura casi a diario. Pero mientras el peso de José se mantenía, el de Lisseth empezó a subir más y más. Al principio, debido en parte a su embarazo, ella se comía un desayuno completo inglés, y pasteles, pasta y hamburguesas de McDonald’s cada día. Pronto su peso llegó a 140 kilos.

Mientras estaba embarazada, su marido la abrazaba y le decía que perdería el peso cuando diera a luz. Sin embargo, cuando Lisseth dio a luz a Lissmar, su primogénita, su peso se mantuvo. “Yo seguía comiendo para dos personas”, confiesa. “Solo pensaba en cuándo sería la próxima comida.”

Como estaban enamorados, ella pensaba que a él no le importaría su peso. Pero no fue así. “Al principio de nuestra relación, José era muy romántico, me traía rosas a la cama y me decía lo bonita que era. Me sentía la chica más afortunada del mundo”, cuenta Lisseth, nostálgica. “Pero cuando engordé, José me miraba con asco. Mientras cenaba en el sofá se me quedaban las migajas de pan en la barriga, y lo escuchaba llamarme ‘gorda’ entre dientes.”

Los insultos no pararon ahí, él también la llamaba ‘elefante’. Poco a poco se fueron despegando: “Yo intentaba ser cariñosa con él en la cama y le proponía tener sexo, pero él solo se daba la vuelta. Yo lloraba hasta dormirme.” En esos tiempos difíciles, Lisseth se consolaba comiendo más y más. Y José se consolaba… en los brazos de otra mujer.

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Cuando descubrió que su marido le estaba poniendo los cuernos con otra, ya no aguantó más. Lo cazó cuando vio unos mensajes delatadores en su teléfono móvil. Enseguida se divorciaron y Lisseth quiso volver a tomar el control de su vida adelgazando. Y tanto que lo hizo: bajó 60 kilos. “Perdí peso para mí misma. Dejé de comer comida basura, y dejé al idiota de mi marido”.

La hija de la pareja se quedaba con su padre los fines de semana. Cada viernes José iba a recogerla, y cuando Lisseth empezó a bajar de peso, él se le quedaba mirando, incrédulo por la transformación por la que su exmujer estaba pasando. Un día José le dijo algo que ella no oía desde que no estaba gorda: “Estás muy buena”. Ella se rió y le cerró la puerta en las narices.

Este vídeo, en inglés, se cuentan algunos detalles más sobre la relación de Lissbeth y José, con algunas fotos extra:

La lección que Lisseth le dio a su exmarido sirve como ejemplo para su hija. Así le ha enseñado que siempre tiene que hacerse respetar por los demás. José ahora se arrepiente de no haber permanecido con su mujer cuando ella pasaba por una mala época. En su boda se juraron estar juntos “en lo bueno y en lo malo”. Estar en lo bueno es muy fácil, no tanto en lo malo. Esperemos que si Lisseth se vuelve a casar, lo haga con alguien que la aprecia por quien es y no por su aspecto físico.


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