Este bebé nace con 27 semanas. Al ver su sufrimiento, la enfermera hace algo que ninguna otra enfermera haría

Royal Alexandra Hospital de la ciudad de Edmonton en Canadá. Hace unos años, una pareja entra en el hospital. La mujer, Sarah, se encontraba en estado muy grave. Una enfermedad había derivado en un fallo multiorgánico y la vida de la mujer corría peligro. Estaba embarazada, así que le indujeron un parto de emergencia y la llevaron al quirófano para salvar su vida. 

El bebé se llamó Connor y nació con tan solo 27 semanas de gestación, pesando unos 900 gramos. Medía poco más que una mano y luchaba por sobrevivir. 

El pequeño Connor estuvo en el hospital un total de 65 días. Cuando Sarah se recuperó, lo primero que hizo fue ir a ver a su pequeño. Sus padres estuvieron cuidándolo y dándole ánimos todos los días. 

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Pero estos padres tan entregados no eran los únicos que estaban cuidando de Connor. Había una enfermera llamada Gwenn que cuidó al pequeño como si fuera su propio hijo. De hecho, un día le llevó un bonito regalo a Sarah: la enfermera había cosido con sus propias manos dos diminutos trajecitos para el bebé. ¡Qué detalle! Aquí tenéis a Connor con uno de ellos:

Por supuesto, con estos cuidados el bebé consiguió hacerse cada vez más y más fuerte, hasta que consiguió estar fuera de peligro y pudo irse a casa.

Cuatro años más tarde y con un niño perfectamente sano, esta familia nunca olvidó lo que esta enfermera había hecho por ellos. Sin esos cuidados, Connor quizá no habría sobrevivido. Así que decidieron darle las gracias de una forma preciosa: el hospital grabó a la familia contando su historia y dándole las gracias a la enfermera, y, durante una reunión en la que Gwenn estaba presente, pusieron el conmovedor vídeo. La enfermera no pudo contener las lágrimas.

¡Pero todavía había una sorpresa más! De detrás de Gwenn apareció la familia completa. El pequeño Connor llevaba un ramo de flores. Se lo dio a Gwenn y se fundieron en un hermoso abrazo. 

Sin lugar a dudas, muchas otras personas estarán agradecidas por los cuidados de Gwenn. Pasar tiempo en un hospital nunca es agradable para nadie y si hay personas con el corazón tan grande como el de esta mujer, es posible poner un poco de luz en el día a día de los enfermos. ¡Bravo por Gwenn y por todo el personal sanitario que se preocupa por sus pacientes como si fueran su propia familia

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