Ella “murió” congelada a los 19 años. Pero su “resurrección” es algo insólito 35 años después

El termómetro mostraba -22 grados y la nieve se amontonaba a los lados de las calles. No le faltaba mucho camino para llegar a casa cuando de repente, pasó lo que para cualquiera sería en una noche tan fría una verdadera pesadilla. Su automóvil se detuvo sin más en el medio de la carretera.

¿Y ahora qué iba a hacer? Por un momento pensó pasar la noche en el interior de su vehículo, pero tenía miedo morir a causa del tremendo frío de la noche. En ese momento, notó que se había detenido cerca de la casa de un amigo. Así que decidió ir caminando hasta donde vivía a pesar de los grados bajo cero , la nieve, el hielo y el viento.

Pero el refugio que creía era su salvación, se encontraba más lejos de lo que pensó. Sus piernas empezaron a ponerse muy frías y duras, y tenía que caminar contra el viento helado que a cada segundo azotaba su cuerpo. Cada paso que daba era mas difícil de dar y apenas pudo seguir avanzando.

Tras un camino que parecía que nunca iba a acabar, llegó por fin a la casa de su amigo, pero completamente sin fuerzas y casi sin sentido. Lo último que recordaba era como se desmayó en la entrada delante de la casa a la una de la madrugada y se quedó en la nieve tumbada sin moverse. Seis horribles horas estuvo allí “acostada” en el suelo mientras los grados bajo cero la fueron congelando poco a poco, cada vez más y más.

Al día siguiente, su amigo Wally Nelson abrió la puerta de su casa y con gran sorpresa se topó con el cuerpo frío y duro como una piedra de su amiga, así que de inmediato llamó a una ambulancia. “Pensé que estaba muerta”, dijo Wally. Su cara parecía la de un fantasma. Al ver que la ayuda tardaba más de lo esperado, Wally decidió hacer algo y puso el cuerpo congelado de la chica en su automóvil. Ella no mostraba ninguna señal de vida, pero a pesar de esto, la llevó lo más rápido posible al hospital.

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Pero allí ya se temían lo peor. Jean Hillard estaba tan fría que el termómetro no pudo ni siquiera mostrar la temperatura que tenía en ese momento. Y sus extremidades estaban totalmente congeladas y unidas a su cuerpo. Estaba tiesa por completo. Los médicos en efecto también creyeron que estaba muerta y no había más que hacer. Sin embargo hicieron un último intento para tratar de “salvarla”, poniendo algunas mantas y bolsas calientes cubriendo su cuerpo.

“Nosotros le cogiamos la mano y repetíamos su nombre, con la esperanza de recibir alguna respuesta”, decía su madre asustada y con gran desespero. De esta manera, su familia estuvo con ella esperando durante horas al lado de la cama donde yacía.

En el milagroso caso de que lograra despertar, los médicos le comunicaron a su familia que había una alta probabilidad de tener que amputarle ambas piernas, así como partes de sus brazos. Todos esperaban entonces que su tieso cuerpo se empezara a descongelar por partes y que al menos existiera la posibilidad de que sobreviviera a este desgraciado incidente.

Cuando muchos habían empezado a perder la fe, ella empezó de repente a moverse. Sus ojos súbitamente se movían de nuevo y enseguida con una voz rasposa y profunda pidió un poco de agua. Nadie entendía como esto había sido posible.

Cuando muchos habían empezado a perder la fe, ella empezó de repente a moverse. Sus ojos súbitamente se movían de nuevo y enseguida con una voz rasposa y profunda pidió un poco de agua. Nadie entendía como esto había sido posible.

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