El equipo médico derribó desesperadamente la puerta. Las condiciones en las que estaba esta mujer los dejo sin palabras! Era un esqueleto.

Las enfermedades son los peores males que existen en el mundo, afectando a millones de personas a diario y con enfermedades unas más graves que otras.

Una enfermedad que ha afectado a muchas personas y jovenes en el mundo es la Anorexia, en la cual las personas bajan su peso a límites anormales, generando preocupación a cualquiera que los vea.

Esta es la historia de una chica llamada Hanna Koester la cual tiene 22 años y ahora puede volver a sonreír y disfrutar de la vida.

Es muy lamentable ver lo que pueden hacer las enfermedades con las personas. Esta historia es inspiradora y nos demuestra que con esfuerzo todo se puede lograr. Si te gusta no olvides compartir con tus amigos.


Hannah nació en Australia, pero ha vivido en muchos países alrededor del mundo, incluidos China, Corea del Sur, Estados Unidos y Japón.
Ella cree que esta vida nómada fue la causa que desató su enfermedad. Se esforzaba por tener amistades duraderas y constantemente se encontraba en entornos que le resultaban totalmente ajenos. Controlar lo que comía le ayudaba a sentir más estabilidad en su vida.
Al principio, dejó de comer solamente comida rápida, pero con el tiempo sus reglas se hicieron cada vez más estrictas hasta que llegó a “prohibirse” casi todos los alimentos.

Hannah perdió muchos kilos rápidamente, pero nunca estaba satisfecha con los resultados. Dejó de comer todo tipo de grasas y carbohidratos. Lo único que le parecía bien era comer tofu y verduras al vapor.
Cuando Hanna tenía 17 años, medía 1,80 m y pesaba solamente 52 kilos. Su cara parecía hundida y perdía mucho cabello. Finalmente, sus padres la llevaron al médico.

La única sugerencia que les dieron fue que cocinaran con más frecuencia y permanecieran con su hija mientras ella comía. Pero eso no les ayudó en nada, ya que Hanna se enfurecía si la forzaban a comer algo que no estuviera incluido en su “lista” de alimentos permitidos.
Incluso le lazó un plato de pasta a su mamá una vez, ya que contenía un poco de queso parmesano. Hannah recuerda: “Mi madre hizo todo lo posible por ayudarme, pero yo no se lo permití.
Por suerte, ella fue capaz de distinguir entre mi persona y mi enfermedad”. A pesar de los obstáculos, Hannah ganó algo de peso y se graduó del bachillerato.
Su índice de masa corporal (IMC) rondaba los 17 puntos. En general, se considera que el ICM de un cuerpo sano ronda los 18-24. Sus padres estaban muy contentos con sus progresos y estaban convencidos de que estaba preparada para vivir sola en Australia. Parecía ser una persona “normal” nuevamente.

El abuelo de Hannah vivía en las cercanías y se ofreció a echarle un ojo a Hanna mientras sus padres estuvieran en Japón. Pero tan pronto como sus padres se marcharon, Hannah empezó a limitar su dieta nuevamente, pero esta vez fue más estricta, al punto de que solo consumía tres galletas de arroz y bebía un vaso de agua al día. 

Loading...
loading...

Me encontraba tan mal que me pesaba 10 veces al día”, dijo Hannah. Su peso bajó hasta los 27 kilos y se vestía con ropa para niños. Su circulación era terrible y sus órganos estaban bajo presión.
Cuando su abuelo perdió el contacto con ella por algunos días y ella no abría la puerta, llamó a una ambulancia. El equipo médico de emergencia rompió la puerta y encontró a Hannah en el suelo.
Los médicos no podían creer que el esqueleto que tenían frente a ellos siguiera con vida.

Lo siguiente que Hannah recuerda es la cama del hospital, donde era alimentada a través de una sonda nasal. “Los médicos me dijeron que podría haber muerto si me hubieran encontrado unos días más tarde”, dice Hannah.
Pasaron cinco meses antes de que le dieran el alta en el hospital. Después se mudó a una clínica de día para recibir un tratamiento intensivo.
Tenía que aprender a tener una relación totalmente distinta con la comida. Visitó la clínica durante 10 meses; descubrió qué se siente comer regularmente y aprendió cuáles son los nutrientes que el cuerpo necesita.

Lento pero seguro, Hannah empezó a recuperar peso. Ha estado documentando su transformación corporal en Instagram , donde escribió: “Sé que las fotos son demenciales, pero quiero mostrarles a los demás a dónde nos puede llevar esta enfermedad. Y además me recuerdan lo lejos que llegué”. Muy pronto acumuló 100.000 seguidores, la mayoría le dedicó palabras de ánimo y le agradeció su valor para compartir su historia.

Hannah trabaja poco a poco para comer bien de nuevo con la ayuda de una terapia conductista (recibe recompensas cuando come bien). Su peso ha regresado a un nivel “normal” y empieza disfrutar de la comida nuevamente.
Pero su lucha contra la anorexia está lejos de haber terminado. Su cuenta de Instagram se llama Prosperous Healthy Life, donde muestra fotos y recetas saludables. Uno puede ver que lo está haciendo muy bien.

Hannah sabe que le queda un largo camino por delante, pero está muy agradecida por el apoyo que ha recibido de sus seguidores y se siente como si no estuviera sola en este viaje. Está segura de que va a vencer su enfermedad.

Sus fotos muestran lo que uno puede lograr cuando recibe la ayuda que necesita. Actualmente, parece una persona distinta y se siente feliz de poder disfrutar de la vida. Resulta difícil creer que todas estas fotos pertenecen a la misma chica.

Ahora Hannah se encuentra estudiando en Inglaterra, donde se ha unido al equipo de remo. “Esconder la verdad no es la solución. La anorexia es una enfermedad terrible. Pero puedes superarla. Sé que no quiero volver a estar como antes”, dijo Hannah. Afortunadamente, se encuentra en un buen camino y sigue recuperando peso. Es una chica maravillosa y parece que le espera un futuro brillante.

Loading...
loading...